A veces queremos marcharnos por la misma razón por la que debemos quedarnos, por eso..siente con el corazón, piensa con la cabeza.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Siempre hay una segunda vez, pero no siempre hay una segunda oportunidad
Miércoles, jueves...que mas da, siete y media de la mañana mientras recorro el camino de la vergüenza hacia casa me pregunto tantas cosas. ¿Cuanto somos capaces de aguantar?¿Por que repetimos siempre las mismas historias?¿Por que alargamos situaciones que sabemos perfectamente no van a ninguna parte?¿Realmente compensa? Y es ahí cuando te mientes y recuerdas cosas que jurabas haber olvidado y continuas reviviendo la misma situación que ya habías superado. Si, empiezas de nuevo, pero sabes que obtendrás el mismo resultado. No quieres repetir el pasado, pero lo haces, haces exactamente lo mismo, sigues callando lo mismo, sigues escondiendo lo mismo...
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Cuando debemos pensar sentimos, cuando debemos sentir pensamos
He decidido que no voy a humillarme con excusas o explicaciones que no quiero dar. Tengo el propósito de ser yo quien controle la situación en todo momento. Aunque no sea así, necesito creer que lo estoy consiguiendo.
Desde el principio he tenido claro que era algo temporal. Un pasatiempo inocente, mientras decido qué hacer con mi vida. No lo necesito, es lo que me digo a mí misma. Como los drogadictos convencidos de que no tienen un problema.
Debería irme (digo), que lo haya dicho en voz alta es una señal inequívoca de que realmente no deseo hacerlo. Sin embargo la frase también implica que estoy dispuesta a irme si la alternativa es tener que ser yo quien pida permiso para no hacerlo. No voy a rogar ni a mostrar mi debilidad. Necesito una victoria. Aunque sea una fingida.
Hoy no quiero estar sola. Necesito sentirme acompañada, permitir que sean otros los que por una noche carguen con el peso del mundo. Se que me estoy engañando, pero no me importa. A veces necesitamos contarnos mentiras piadosas que nos permitan irnos a dormir con una ligera sonrisa en los labios.Desde el principio he tenido claro que era algo temporal. Un pasatiempo inocente, mientras decido qué hacer con mi vida. No lo necesito, es lo que me digo a mí misma. Como los drogadictos convencidos de que no tienen un problema.
Si aseguras que puedes dejar algo, pero sigues regresando una y otra y otra vez, ¿en el fondo no te estás engañando?
Caigo en la cuenta una noche, mientras intento dormir. Estoy haciendo justo lo que dije que no podía permitirme hacer. Alargar una situación en el tiempo, confiando en que las cosas cambien mágicamente, sigo cometiendo los mismos errores...esas costumbres con las que resulta un poco más sencillo engañar a la tristeza y hacerla creer que ya no es bienvenida.
Quiero exactamente eso; que aprendáis conmigo que no siempre es mejor un pájaro en mano que cien volando: mejor tenerlos a todos bajo control. Seguro que alguno te falla.. Por eso es necesario ir dejando migas de pan por donde pisamos; para que esos seres vayan siguiendo tu camino, en vez de sobrevolarte y olvidar que esa necia que camina orgullosa fue la que les enseñó a volar.
Y de paso, a ver si logro convencerme a mi misma de que, al fin y al cabo, todas esa malas rachas que un día llegaron sin avisar han pasado sin despedirse, y que gracias a las agujas del reloj hoy tengo el corazón reconstruido.
Convencerme de que soy valiente.
sábado, 10 de noviembre de 2012
En la vida nunca se te da algo que no puedas hacer, ni se te quita nada sin lo que no puedas vivir
Víctimas de la soberbia, a veces creemos saberlo todo sobre el amor. Otras veces nos desesperamos al pensar que no entendemos nada. Y en los instantes de mayor lucidez comprendemos que, en este tema, nadie posee las respuestas correctas. A veces, a duras penas conocemos las preguntas.
No hablaríamos de nuestro pasado y guardaríamos secretos, porque hay cosas que no se deben compartir. El pasado es el pasado, carece de importancia. Y hay cosas que uno no debe, ni quiere saber.
Un hombre sabio dijo una vez que las decisiones son buenas o malas en sí mismas, sin tener en cuenta las consecuencias que suscitan. Podemos tomar el camino correcto y descubrir que todo sale mal. O equivocarnos por completo y aún así tener suerte. Por eso no debemos fiar nuestro destino al juicio del mañana por llegar. A toro pasado es más fácil hacer predicciones.
Somos incapaces de trazar un plan maestro, por lo que actuamos sólo movidos por el convencimiento. Hacemos lo que nos dicta nuestro instinto. Aún cuando intuimos que nuestro instinto se equivoca. Nunca flaqueamos en nuestras convicciones. Y no porque nos haya ido bien con este planteamiento, lo hacemos sencillamente, porque sabemos que a estas alturas de nuestras vidas ya no sabríamos hacerlo de otra manera.
En teoría recordamos historias para no repetir los mismos errores. Guardamos en la memoria días mejores, o días peores, distintas clases de tortura para el mismo error común.
Y sabemos que caminamos en una carretera de un único sentido, y que los innumerables "otros yo" que pudo haber sido se pierden en la lejanía y no merece la pena perseguirlos.
Seguramente hemos hechos muchas cosas de las que no estar orgullosos. Pero jamás debemos echar la vista atrás, con tristeza o arrepentimiento. Los que giran la cabeza se convierten en estatuas de sal. Los que miran hacia adelante, con convencimiento, esos aún tienen una oportunidad de salir triunfantes de la batalla. A veces, sencillamente, debemos dejar de mirar hacia atrás, las metas no estarán ahí.
Y sabemos que caminamos en una carretera de un único sentido, y que los innumerables "otros yo" que pudo haber sido se pierden en la lejanía y no merece la pena perseguirlos.
Seguramente hemos hechos muchas cosas de las que no estar orgullosos. Pero jamás debemos echar la vista atrás, con tristeza o arrepentimiento. Los que giran la cabeza se convierten en estatuas de sal. Los que miran hacia adelante, con convencimiento, esos aún tienen una oportunidad de salir triunfantes de la batalla. A veces, sencillamente, debemos dejar de mirar hacia atrás, las metas no estarán ahí.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Y....dejar que las cosas pasen
Al final todo es una cuestión de suerte...a veces encontramos a la persona correcta en el momento equivocado, y en el momento correcto a la persona equivocada...a veces no acertamos...a veces si......a veces....
Es más que curioso el hecho de que lo único que se me ocurre decir en mi defensa es que tu sonrisa no solo agradaba a mis ojos, que va; esa sonrisa tuya le gustaba a todo mi cuerpo.
Y yo era tu sumisa cómplice.
Tu cuello, tu olor, tus cremalleras.. No sé.
Tus brazos, tu boca.. Al fin y al cabo sería imposible quererte sin esas pequeñas virtudes físicas; tus sonrisas me enseñaban a ver todo aquello que tu orgullo no permitía decirme, y tus brazos.. Esos eran más. Mucho más, pues me demostraron que un tipo tan impasible como tú podía tener sentimientos.
Tus teorías sobre el mundo, eran dignas de demostrar, y yo no quería perderme aquel acontecimiento. Así que me dediqué a conocer qué tramaban esos engranajes, sorprendiéndome con cada tuerca al comprobar que ya me había descifrado; sabías mis pros y mis contras, mis vicios y virtudes. Mis miedos, mis vértigos..
En fin, ¿Qué más puedo decir? Me habías catado y calado de pies a cabeza, y lo peor es que venías con ese as en la manga que podía abrir todas mis puertas..
Eras de esos hombres que saben un pequeño detalle que ignoran la mayoría de las mujeres: Tenías más que claro que un 'Buenos días' de princesa no se susurra al oído, sino que se debía de sentir, cual polilla, comiéndose todos mis vestidos, vivencias y recuerdos viejos.
No se aprende nada importante en la vida, simplemete se recuerda
No puedes evitarlo: todo cambia. De qué manera cambia...SÍ depende de ti
Cuando se lo propone, es capaz de rememorar el pasado con todo lujo de detalles. Pero pocas veces hace el esfuerzo. Prefiere convencerse a sí misma de que hay recuerdos que se han desvanecido para siempre, como sueños que se olvidan en el momento en el que abrimos los ojos.
A ratos le funciona. Pero entonces un buen día el fantasma de sus peores equivocaciones llega dispuesto a cobrarse sus deudas y la tortura resulta insoportable. No es que haya cometido en su vida más errores que el resto. Pero le cuesta hacer las paces con ellos.
De todos sus pensamientos amargos, los peores tienen que ver con aquellas decisiones que jamás llegó a tomar. Las confesiones que nunca hizo llevada por el miedo al fracaso. En su momento creyó que lo sensato era no intentarlo. Ahora se da cuenta de que siempre hay que correr riesgos.
Muchas veces, ante la idea de que resulta casi imposible ganar, optamos por bajar los brazos y no hacer nada. Un planteamiento estúpido. Si ya está todo perdido, entonces ¿qué más nos da hacer un último intento? La lógica es incontestable, pero en esos casos el terror nos paraliza y nos impide pensar con claridad. Esa es la verdad. El por qué existen tantos "te quiero" mudos.
Cuando el pasado viene de visita,siente que dejó escapar su tren sin intentar montarse en el. Creyó que no era suficientemente rápida para alcanzarlo, suficientemente buena para viajar en su interior. Sigue teniendo dudas. Pero en cualquier caso, ya no importa. Son quimeras imposibles y por eso las evita, enterrándolas en ese cementerio que ha creado en su cabeza.
La tumba en la que descansan todos sus sueños imposibles, sus vidas imaginarias, sus "y si hubiera dicho que sí, qué habría pasado". No podemos permitir que nadie (ni siquiera nosotros) nos haga sentir que no merecemos lo que queremos.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Todo se puede simplificar y todo se puede complicar; y las dos cosas se pueden hacer con intención de ayudar a aclarar o como intento de confundir o esconder un fragmento de la verdad.
Pese a las dificultades, con convicción absoluta de las complicaciones, sabiendo los riesgos y a pesar del dolor de lo que no resulto como pensábamos, es importante no dudar de que al final el resultado sera aquel que habíamos previsto y deseado. El último paso nunca lo es por casualidad y siempre nos carga con la odiosa sensación de que todo lo anterior podría no servir si fallamos en este último momento. Es la puerta que nos permite, en muchos sentidos, dejar atrás lo pasado. Es el pasaporte seguro hacia lo que viene.
En las circunstancias más difíciles y en los momentos en los que nos invade la sensación de haber perdido el rumbo, la certeza del resultado final es justamente lo que podrá hacernos recuperar la fuerza para hacer y para arriesgar; la motivación para avanzar, para desear, para insistir, para valorar el camino recorrido y para seguir luchando por lo que creemos.
domingo, 4 de noviembre de 2012
No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay
Mentiras que suenan mejor
Suspira resignada. El problema es que lo único que está consiguiendo es que sienta que sus sospechas van tomando más fuerza a cada minuto que pasa.
Ha perdido la batalla y lo sabe. Y todo por intentar no alejarse demasiado de la verdad. Podría haberse inventado una historia que sonara convincente. Pero no quiere hacerlo. Para ella sería tanto como admitir, entonces sí, que hay algo de malo en la relación con su amigo.
Es curioso cómo cuando mentimos somos más convincentes que al ser sinceros. Quizás porque las historias que inventamos tienen sentido, mientras que la realidad es esquiva, absurda y difícil de entender. Las mentiras nos dicen aquello que queremos escuchar. Suenan mejor, saben mejor. Nos gustan tanto que a veces terminamos por creérnoslas hasta nosotros mismos.
Como cuando dice que son solo amigos
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